sábado, 12 de junio de 2010
congelada por inercia
la estupidez me acolarra, las palabras se retuercen.
no hay funcionalidad en mi cabeza,
los ojos no brillan,
las manos transpiran.
es la antítesis personificada de la velocidad
la que me aterra, la que me enloquece
y las palabras se ordenan
de forma alegórica a lo que no quiero hacer.
y los bemoles se sumergen
y las corcheas se detienen.
no tengo vocación de poeta.
tampoco nací poeta.
tampoco entiendo poesía.
antipoesía
o colafría para las pestañas
y así atarmelas a los pies
continuar haciendo historias
pero enjaulada al suelo
en posición fetal
lista para nacer
otra vez
o convertirme en renacuajo
un renacuajo epiléptico.
me congelé de cenizas
se incendiaron los segundos
pero todo trascurre lentamente
aunque yo no permanezca
aunque el renacuajo mueva su cola
aunque los muñecos tomen vida propia
me congelé de la flagelación
de palabras que se entremezclaron
y no supe escribir
no hay motivo ni inspiración
ni esfuerzo.
quedé petrificada por la inercia del movimiento.
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